@elvis_ente

18 noviembre, 2007

Comunicación Popular y Tecnología (parte II)


Fusión de Medios: La TV
A través de la historia cada modalidad de expresión encontró su medio para multiplicarse; empezando por la imprenta que dio origen al medio gráfico hasta llegar a nuestros días con la radio y la Televisión.
Sin duda ésta última marcó la forma de acceso a la información en toda la humanidad durante la segunda mitad del siglo 20.
La Sociedad de Masas tenía en los medios masivos que la constituían a centenares de millones de personas recibiendo mensajes en el corazón de su hogar. Sin otra defensa que su control remoto.
La televisión superó en su momento a todo lo conocido, generando una importante industria a su alrededor. Incluso marcó con su estética a la cultura y la política.
Su carácter lineal y masivo genera un efecto homogeneizador de la opinión pública, ubicándola entre las herramientas más eficientes para domesticar sociedades.
Los argentinos lo sabemos, sin embargo uno de los análisis más ricos y profundos sobre este fenómeno proviene (a mi entender) de Jerry Mander, un publicista estadounidense que en 1977 escribió “Cuatro argumentos a favor de la eliminación de la televisión”, obra que ha obtenido un seguimiento de culto. Quizás el peso internacional de su opinión tenga que ver con que se trata de las consideraciones de un economista y socio de la prestigiosa empresa Freeman, Mander & Gossage. Su visión viene de la publicidad y la televisión.
"Yo pertenezco a la generación pre -televisión. No hubo televisión hasta que llegué a los últimos años de la adolescencia. Así es que cuando era niño, mis actividades a la salida del colegio eran distintas a las de un niño común y corriente de hoy. Recuerdo como me sentía al llegar a casa desde la escuela cada día. Primero, me asomaba al refrigerador para ver si mi mamá me había dejado algún refresco para tomar. Rápidamente lo despachaba. Luego, tal vez, jugaba con el perro. Iba a mi pieza. Solía echarme en el suelo del living. Me aburría. Nada que hacer. Poco a poco entraba en un estado que últimamente he empezado a llamar “tiempo muerto” (down time) tiempo improductivo o de inactividad). Mas bien, una suerte de aburrimiento mortal. Algo así como un estado anímico neutro, plano. Estaba asociado a un nudo de ansiedad en el estómago, y era tan desagradable que finalmente me decidía a hacer algo. Entonces llamaba a un amigo. O salía al patio. Jugaba a la pelota. Leía. Creo que el tiempo muerto que describo era parte normal de la vida de los niños de la década de los cuarenta, cuando la vida transcurría más lentamente que hoy. Miro hacia atrás y considero que aquel tiempo de “ nada que hacer” servía a una importante función creativa. Alguna actividad surgía a la larga de aquella situación de no tener nada que hacer. Uno llegaba al fondo de su sentimiento, dejaba que su estado emocional llegara a su nivel más bajo, y entonces uno retomaba el control. Uno se experimentaba a sí mismo en movimiento y con ideas. Si consideramos a toda la juventud del país como grupo, este tiempo muerto se podría considerar un caudal genético nacional de creatividad. Sin embargo hoy, cuando los adolescentes llegan a su casa y empiezan a caer en el tiempo muerto y la sensación desagradable que lo acompaña, estiran el brazo hacia el botón del televisor, y se detiene la caída, Utilizado de esta forma, el televisor es un sistema que altera el estado anímico, igual que una droga. Cuando el estado anímico empieza a manifestarse, la gente busca la droga, tal como los adultos buscan el trago- o la televisión – al final del día. Así es que, para los jóvenes, además de ser una droga, la televisión puede considerarse un entrenamiento preliminar para el uso a futuro de drogas “más fuertes”. Por supuesto que todos tenemos formas de cambiar nuestro estado de ánimo. Sin embargo, no creo que la mayoría veamos la actividad de ver televisión como una herramienta para modificar el estado anímico. Enfocarlo en tales términos le da un nuevo significado al hecho que la persona joven media ve casi cuatro horas de televisión al día. Al recurrir a la droga de la televisión, los jóvenes están desaprovechando su propio tiempo muerto. No se permite vivenciar los puntos más bajos de su propia experiencia, ni sentir su propia respuesta creativa frente a ellos.
El resultado final, creo yo, serán generaciones de jóvenes menos capaces de actuar autónomamente, o de ser creativos. Los educadores ya nos dicen que, efectivamente, es lo que ocurre. Es posible que este hábito también esté privando a los jóvenes del auto conocimiento fundamental que surge cuando uno afronta los propios sentimientos. Y deja a estas nuevas generaciones drogadas con la sensación de que no pueden vivenciar la vida sin muletillas tecnológicas y químicas. De tal manera que la televisión no sólo los entrena para depender de los bienes de consumo."
Los 4 argumentos de Mander
1° Entorno Mediado: Ver televisión es un tránsito del hombre desde su entorno natural hacia uno artificial. La programación lo despoja de sus experiencias sensoriales naturales de sabor, olor y tacto, reemplazándolas por una experiencia sólo visual y auditiva, pero capaz de atrapar nuestra atención y alterar nuestros deseos y percepciones.
2°: El Hombre Producto: La televisión muestra personas que son hermosas, conducen coches elegantes, viven en casas magníficas, usan la mejor ropa imaginable sin ningún valor social. Adultos y niños ingieren imágenes que dictan lo que deberían querer.
3°: Reproduce su Imagen. La TV transforma al televidente en una copia de lo que en ella ve. La programación aísla a las personas a fin de mostrarles comerciales esperando que corran a comprar los productos que han visto.
4°: Cultura de la Muerte. La TV no es neutra. "Si sangra, vende". La violencia y las matanzas captan la atención del televidente más rápidamente y por más tiempo que los mensajes positivos.
(continuará)